La vida ha evolucionado, y con ella lo ha hecho también la manera que tiene el ser humano de interpretarla y sobre todo de entenderla. Es por ello que la biología es una ciencia que está siempre en constante cambio, y que cada día nos sorprende con nuevos descubrimientos de los sucesos que nos rodean los cuales serían incomprensibles para la mayoría de los integrantes de las pasadas generaciones.

Es por esto que los biólogos, nombre genérico que reciben aquellos que ejercen este estudio de la naturaleza como su forma de ganarse el salario, son personas que, a lo largo de la historia de esta materia, han aportado grandes innovaciones al campo del conocimiento de esta ciencia a la población mundial en general.

Pero esto no fue un proceso sencillo, y en muchos lugares continúa sin serlo, pues, como es de entender, esos antepasados nuestros que no tenían una forma racional de explicarse los acontecimientos naturales que marcan la vida ni tampoco las formas y diversidad de la flora y la fauna del entorno, buscaron una razón para todo aquello, que en la mayoría de los grupos y asentamientos culturales recaía directamente en la religión. Y estas ideas religiosas fueron por varios siglos la única forma que tenían los hombres de entender y de, en cierto modo espiritual, sentir que tenía algún tipo de control sobre la naturaleza que les rodeaba. Y como es lógico estas ideas se han mantenido muy presentes en los hombres del pasado reciente e incluso de la actualidad, que en una medida mayor o menor se oponen a comprender cuáles son las verdades razones que explican el porqué de la vida en el planeta Tierra. Pero a pesar que durante muchos años esto fue una limitación, la ciencia ha encontrado la forma de salir a flote.